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Bitácora de Pedro Solano

A ver quién tiene narices de prohibir algo a los jóvenes

Cuando nos encontramos artículos como el que aquí presento, nos escandalizamos de pensar que estas cosas puedan pasar. Pensamos también que eso sólo lo puede hacer una panda de delincuentes, pero no es verdad. Al botellódromo va todo el mundo y lo ha construído el Ayuntamiento de Granada para que la gente beba sin molestar a los vecinos. Aparte del juicio sobre la conveniencia o no de favorecer el consumo de alcohol, creo que estas consecuencias van más allá y no se pueden achacar a que los jóvenes van borrachos y hacen eso sin querer. Creo que estamos educando a nuestros menores en una cultura del todo sale gratis. Se les pone un sitio para que beban y, a ver ahora, quién se atreve a sancionar al que destroza el mobiliario urbano de esa manera tan brutal y asquerosa. Esos luego serán los que nos gobiernen. Apañados estamos.

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